El péndulo español y la alegría

“Y todo volvió a fluir con una sonrosada placidez, la apacible costumbre del agua que corre, una violencia simbólica, mansa y carnosa, que desembocó en una nueva definición de la necesidad y terminó de pulverizar el prestigio de las frases importantes, inútiles ahora, torpes, pueriles en su ampulosa dificultad. Raquel Fernández Perea abría los ojos, exponía su cualidad densa y brillante a la entregada voluntad de mis ojos, y todos los péndulos del mundo emprendían a la vez un movimiento armónico que detenía el tiempo, y anulaba el espacio, y estremecía mi corazón, el corazón de la Tierra.
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