Mi mujer

Dudo que alguna vez haya escuchado de la existencia del Día Internacional de la Mujer. Mucho menos de las 129 mujeres que murieron quemadas en una fábrica por reclamar mejoras en sus condiciones laborales. Maruca es una mujeraza condensada en un cuerpito que, con suerte, llega al metro sesenta de estatura.

Maruca es María Esther Chávez. Tiene la voz suave y tenue. Estás obligado a prestarle atención cuando habla. Una, porque no levanta la voz. Dos, porque la cadencia al arrastrar las erres es un arrullito. De esos que te envuelven. Sigue leyendo

Segundo (Uno siempre es dialógico)

Salís temprano, con tiempo, pero igual de apurada que siempre. Sabés que no será el mejor día, pero.. [Lo tenés que hacer].

Salís sin hacer ruido. Si llora, te vas a demorar, no se va a volver a dormir, y seguramente te irás lagrimeando vos también. [Hagas lo que hagas, la culpa siempre persigue.. De a ratos, se la siente enquistada en la espalda].

Una hora más tarde, venís con un retraso en el transporte que se va haciendo importante. “Menos mal que salí con tiempo”, pensás. [Igual, no, nunca alcanza].

Taxi! Le explicás que vas a la esquina de tal y tal, pero.. Pero.. Se rompe la caja de cambios.. Más vale bajate y tomá otro. “Cuándo carajos se me dará una a favor?!”, te preguntás. No, nunca se da una a favor.. [Recién empieza el día, y sabés que es largo.. Dejate de resoplar y subite a otro auto ya.. Pero ya!].

Llegás justo, apurada, asustada, ansiosa.. Recién llegás pero ya te querés ir. Mientras respondés los correos, pensás en las guías, las agujas, la mortandad asquerosa de los hospitales, y la frialdad en el ambiente de cualquier sala de quimioterapia. Por más onda que le pongan, no deja de tener cierto aire de cinismo.

Y el teléfono.. Y el informe.. Y el mail.. [Y yo no estoy para estas cosas].

Pero dijiste que ibas. Y vas a ir. [Pero no querés.. O sí, pero no estás con todas las ganas de sentarte a sonreír entre tanto silencio].

Vas. Llueve. Y todo se demora. Y te está esperando. Le prometiste que ibas a acompañarla, pero te da un susto que parece atrasar todo, conspirando con el taxi, con la lluvia, con el tránsito y con todos los planetas desalineados que andan por los alrededores [Ya estás ahí, así que entra, y dejá de llorar].

Llegás justo, apurada, asustada, ansiosa.. Recién llegás pero ya te querés ir. Sonreís [Y menos mal que dejaste de llorar].

“No es nada.. Hacé de cuenta de que estamos en un bar y esta es una nueva forma de servir tragos”, jodés. “Esto, por ejemplo, podría ser un Casablanca. No sé qué tiene, pero es de ese color” [Y ese Casablanca es taaaaan asqueroso].

“The Beatles! Hace cuánto no escuchaba esta canción!” [Cuántos Beatles quedan? Dos?].

Dos horas después, salen. Todo parece estar bien. Tan bien, que hasta preparás algo de comer.

– Cómo está papá? Habló con la médica?

– Sí, habló. Está algo preocupado pero bien.. [No, mentira. Está asustado. No quiere hablar del tema. Y yo no sé dónde pararme en medio de esto].

– Pero y qué le dijo?

– Nada muy claro. Hay que consultar con un tercer profesional. Yo me inclino por un cateterismo.

Después de esto, el trabajo, los hijos, el miedo y lo que no se nombra, pero todos presentimos y negamos [Y ya dije que no. Pensar en la muerte, o sobrevolar su nombre no está en los planes. Aunque sea una opción. No de ella, no de él. No ahora, no después].

Te vas..

Llegás justo, lenta, cansada, triste, mentirosa.. Recién llegás y sólo querés detener el tiempo y quedarte ahí.

– Hola, mi amor.. Te estaba esperando.. Qué bonita estás!

– Hola..

– Qué te pasa? Qué cara triste!

– Nada.. Es un segundo [No se te ocurra abrazarme, o se me viene una catarata incontrolable de lágrimas].

– Dale, qué pasó? Estás bien?

– Sí.. [Bah, no]. Abrazame [Abrazame].